Al Tall, Carles Dolç i Ca Revolta amb Miquel Grau

¿Qué significó el atentado y la muerte de Miquel para quienes en aquellos días en Valencia luchaban por las libertades democráticas y los derechos nacionales? ¿Desde qué perspectiva se contempla aquella historia en el presente? ¿Cómo un grupo como Al Tall se decidió a componer una canción de homenaje a Miquel Grau? ¿Cómo la compusieron? ¿Por qué eligieron precisamente esa música? ¿Qué sentido tiene volver nuestra mirada hacia la Transición y hacia la muerte de Miquel Grau?

De todo ello hablamos en Ca Revolta el pasasado 2 de diciembre en un acto en el que Ca Revolta abrió sus puertas al proyecto Miquel Grau y en el que participaron Carles Dolç, Llum Quiñonero, Pep Pacheco y Manuel Miralles, músico de Al Tall.  Carles Dolç señaló la importancia de escribir la historia de la lucha  por la democracia y por las libertades como una movilización que implicó a decenas de miles de personas que, como Miguel Grau, se jugaron la vida por dejar atrás el franquismo. En su intervención puso de manifiesto cómo desde la derecha que hoy gobierna las instituciones valencianas se arrogan como  propias, conquistas esenciales del propio movimiento popular; sea la movilización que acabó por la conquista del curso del Turia para la ciudad –El llit del Turia es nostre i el volem verd– o, luchas más próximas en el tiempo, como Salvem el botánic.

Manuel Miralles, miembro de Al Tall, contó cómo aprovecharon la tonada de una petenera que cantaban previa a los ensayos como tema para componer la canción que dedicaron a Miquel. Explicó que aquel día en el Puig,cuando la estrenaron, incluso Raimon, que estaba con ellos, les echó una mano en alguna estrofa que no acababa de parecerles redonda. Contó también, la emoción rotunda que les acompañó el momento que la cantaron y que les ha acompañado en cada una de las interpretaciones.

Manuel Miralles, músico del grupo valenciano Al Tall, habla de la petenera que inspiró la canción que dedicaron a Miquel Grau tras su muerte en el atentado en 1977. Ca Revolta, 2 de diciembre de 2011.

Lletra de Al Tall, Miquel Grau:

Per cridar: ‘Vull l’Estatut’, ai, ai, ai, ai!
a Miquel assassinaren;
açò passà en Alacant, en Alacant el mataren.

Ja el porten a soterrar, ai, ai, ai, ai!
l’acompanya tot lo poble;
no poguérem dir-li adéu,
soledat de l’ai, ai, ai!
perquè el taüt ens furtaren.

Per guanyar la llibertat, ai!
quants germans tenen de caure!
Miquel Grau ja no està açí, soledat de l’ai, ai, ai,
quan avui tots l’esperàvem.

All Tall

Miquel Grau, el seu carrer a Valencia, 2009

Informació de El Blog de Masclet

Carrer Miguel Grau

“El nom de Miquel Grau se donà a un carrer en proyecte, en una zona d’horta prop del Camí Nou de Paterna, en la que pronte es construïren quatre finques aïllades; pero 25 anys després, quan s’urbanisà el nou barri de l’avinguda de les Corts Valencianes, se féu coincidir la traça de l’existent carrer de Miquel Grau en una de les noves avingudes, que rebé el nom de “carrer del Camp del Túria”: la que passa just per davant del Palau de Congressos”…

“En este fet, com podem vore en l’image (feu clic per a ampliar-la), les dos finques que originàriament confrontaven en el “carrer de Miquel Grau”, ara ho fan en el “carrer del Camp del Túria”.

La noticia llegó al barrio

Por Javier Pastor [recuperado]

Javier Pastor

En aquellos años setenta yo estudiaba en Madrid, en la Facultad de Bellas Artes. Cada mañana tomaba el metro desde el barrio de Carabanchel hasta Moncloa, para desde allí ir a pie a la Universidad Complutense. Cada mañana atravesaba el parque del Oeste donde una cincuentena de grises a caballo, embutidos en su inconfundible uniforme, casco protector y largas porras vigilaban el paso de los estudiantes. Pasar a su lado daba escalofríos, te miraban desde lo alto con ese aire de autoridad que les permitía hacer contigo lo que quisieran, más aún con mi indumentaria de hippie melenudo.

Cada día se celebraban asambleas en la Facultad y llovían las octavillas contra el régimen fascista del General Franco y día sí día y también entraban los grises a caballo; se liaban a porrazos y se llevaban a cuantos estudiantes podían a la DGS (Dirección General de Seguridad). El aire estaba impregnado de miedo, pero también de rabia e indignación.
El 20 de noviembre de 1975, como cada mañana, me levanté, fui a tomar café en el bar de la esquina, y leí el diario. No me lo creía, en la portada una gran foto del dictador y un titular “Franco ha muerto”. Fui corriendo a casa y desperté a los compañeros: ¡!Hoy desayunamos con sidra ¡! Todo ha terminado, ahora vamos a ser libres, se acabó el miedo; nos decíamos ingenuamente.

Los años que siguieron fueron, si cabe, más terroríficos. El miedo y la incertidumbre se extendió por todas las calles de la ciudad. Las pandillas de ultraderecha campaban a sus anchas y no dudaban en apalear en plena calle a cualquiera que tuviera pinta de “rojo”; yo no era rojo, pero sí hippie y anarquista, y un día me tocó. Para colmo, una mañana de enero de 1977 nos levantamos con una atroz noticia: un comando de ultraderecha había entrado en el despacho de abogados laboralistas en Atocha, disparando indiscriminadamente, con el resultado de cinco muertos y cuatro heridos.
Eran años de “transición” de un estado totalitario a otro supuestamente social y de derecho democrático; se hablaba de legalizar los partidos políticos, de la creación de una Constitución; se respiraba esperanza……pero se vivía mucha tensión, mucho miedo.

En Junio de 1977 regresé a Alicante y el ambiente en la Terreta me pareció mucho más relajado que en Madrid. En el barrio de Santa Cruz (el Barrio, simplemente) nos reuníamos gente de izquierda; jóvenes que deseábamos un país en libertad. Allí nos intercambiábamos libros de Bakunin, Proudhom, Kropotkin, hablábamos de la comuna, planeábamos acciones directas, pintábamos murales y los primeros grafitis: “la acción no debe ser una reacción, sino una creación”, “prohibido prohibir”. Así pasó el verano, le siguió el otoño y llegó el 6 de cctubre. Se estaba preparando la Díada del Pais Valenciá y los partidos de izquierda pegaban carteles en las paredes de la ciudad. Un grupo del MCPV (Miquel Grau, Llum Quiñonero, Juan Angel Torregrosa y Xavier Alvarez) se encontraban en la plaça dels Cavalls colocando sus carteles.

Amb Miquel Grau

Era de noche, tal vez las 11h o las 12h, estábamos en el bar “El Coso”, regentado por entonces por Paco Armengol, y alguien entró: “Tío, algo ha pasado en la Plaza Luceros mientras pegaban carteles….” Al día siguiente tuvimos noticias más claras y contundentes: Miquel había recibido un impacto en la cabeza con un ladrillo y se encontraba gravemente herido. La noticia fue como un mazazo, pero aún sería peor días más tarde.

El día 8 de Octubre asistimos a la manifestación en la Explanada para protestar por el suceso, al final los “grises” cargaron contundentemente. Una semana más tarde – el 16 de Octubre – Miquel fallecía con tan sólo 20 años de edad, víctima de la transición, víctima de los intransigentes; una vez más la España reaccionaria talaba una vida por hacer.

El trágico suceso llegó al bochornoso espectáculo en su funeral, los grises impidieron que miles de personas pudiéramos despedirlo. Como de costumbre, la fuerza bruta frente a la razón y el sentimiento.

Miquel se fue en lo mejor de la vida, pero como todos los héroes nos dejó su testimonio de su lucha por un mundo mejor.

Javier Pastor es artista plástico: javierpastorpinturas

Quiero que este proyecto salga adelante

Por Viki Criado,  Secretaría de la dona CGT-PV

Conversando con Viki Criado

La primera vez que vi a Llum fue el día que presentó su libro Nosotras que perdimos la paz, en la librería de Alicante 80 Mundos. Entonces yo ya era militante de Mujeres Libres pero no fue hasta después de leer ese libro que decidí que, lo que yo quería ser de mayor, era justo eso: ser una mujer libre. O, al menos, intentarlo.

Desde entonces, cuando me encontraba con Llum, sentía ante ella el mismo pudor que algunxs lectorxs ante sus escritorxs favoritxs; hasta hoy, que la considero mi amiga, he descubierto muchas cosas de ella.

También he sabido por ella quien era Miquel Grau, aunque de esa historia todavía me quedan muchas cosas por conocer. Por eso, para descubrirlas, quiero que este proyecto salga adelante.