La noticia llegó al barrio

Por Javier Pastor


En aquellos años setenta yo estudiaba en Madrid, en la Facultad de Bellas Artes. Cada mañana tomaba el metro desde el barrio de Carabanchel hasta Moncloa, para desde allí ir a pie a la Universidad Complutense. Cada mañana atravesaba el parque del Oeste donde   una cincuentena de grises a caballo, embutidos en su inconfundible uniforme, casco protector y largas porras vigilaban el paso de los estudiantes. Pasar a su lado daba escalofríos, te miraban desde lo alto con ese aire de autoridad que les permitía hacer contigo lo que quisieran, más aún con mi indumentaria de hippie  melenudo.
Cada día se celebraban asambleas en la Facultad y llovían las octavillas contra el régimen fascista del General Franco y día sí día y  también entraban los grises a caballo; se liaban a porrazos y se llevaban a cuantos estudiantes podían a la DGS (Dirección General de Seguridad). El aire estaba impregnado de miedo, pero también de rabia e indignación.
El 20 de noviembre de 1975, como cada  mañana, me levanté, fui a tomar  café en el bar de la esquina, y leí el diario.  No me lo creía, en la portada una gran foto del dictador y un titular “Franco ha muerto”. Fui corriendo a casa y desperté a los compañeros: ¡!Hoy desayunamos con sidra ¡! Todo ha terminado, ahora vamos a ser libres, se acabó el miedo; nos decíamos ingenuamente.
Los años que siguieron fueron, si cabe, más terroríficos. El miedo y la incertidumbre se extendió por todas las calles de la ciudad. Las pandillas de ultraderecha campaban a sus anchas y no dudaban en apalear en plena calle a cualquiera que tuviera pinta de “rojo”; yo no era rojo, pero sí hippie y anarquista, y un día me tocó. Para colmo, una mañana de enero de 1977 nos levantamos con una atroz noticia: un comando de ultraderecha había entrado en el despacho de abogados laboralistas en Atocha, disparando indiscriminadamente, con el resultado de cinco muertos y cuatro heridos.
Eran años de “transición” de un estado totalitario a otro supuestamente social y de derecho democrático; se hablaba de legalizar los partidos políticos, de la creación de una Constitución; se respiraba esperanza……pero se vivía mucha tensión, mucho miedo.
En Junio de 1977 regresé a Alicante y el ambiente en la Terreta me pareció mucho más relajado que en Madrid. En el barrio de Santa Cruz (el Barrio, simplemente) nos reuníamos gente de izquierda; jóvenes que deseábamos un país en libertad. Allí nos intercambiábamos libros de Bakunin, Proudhom, Kropotkin, hablábamos de la comuna, planeábamos acciones directas, pintábamos murales y los primeros grafitis: “la acción no debe ser una reacción, sino una creación”, “prohibido prohibir”.  Así pasó el verano, le siguió el otoño y llegó el 6 de cctubre. Se estaba preparando la Díada del Pais Valenciá y los partidos de izquierda pegaban carteles en las paredes de la ciudad. Un grupo del MCPV (Miquel Grau, Llum Quiñonero, Juan Angel Torregrosa y Xavier Alvarez) se encontraban en la plaça dels Cavalls colocando sus carteles.
Diseño de Javier Pastor, noviembre 2011Era de noche, tal vez las 11h o las 12h, estábamos en el bar “El Coso”, regentado por entonces por Paco Armengol, y alguien entró: “Tío, algo ha pasado en la Plaza Luceros mientras pegaban carteles….” Al día siguiente tuvimos noticias más claras y contundentes: Miquel había recibido un impacto en la cabeza con un ladrillo y se encontraba gravemente herido. La noticia fue como un mazazo, pero aún sería peor días más tarde.
El día 8 de Octubre asistimos a la manifestación en la Explanada para protestar por el suceso, al final los “grises” cargaron contundentemente. Una semana más tarde – el 16 de Octubre – Miquel fallecía con tan sólo 20 años de edad, víctima de la transición, víctima de los intransigentes; una vez más la España reaccionaria talaba una vida por hacer.
El trágico suceso llegó al bochornoso espectáculo en su funeral, los grises impidieron que miles de personas pudiéramos despedirlo. Como de costumbre, la fuerza bruta frente a la razón y el sentimiento.
Miquel se fue en lo mejor de la vida, pero como todos los héroes nos dejó su testimonio de su lucha por un mundo mejor.

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